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Arranqué mal, me di cuenta al llegar al BPS que en esa oficina pública tampoco habría un lugar destinado a atar bicicletas, pregunté al pedo, porque me miraron con cara de “acá no es, y no, no podemos hacer una excepción, y si todo bien pero son órdenes” la encadené donde pude y me dirigí transpirado y caliente al mostrador de informes.

El policía me indicó donde se sacaban las historias laborales, esperé un ascensor, ascendí, saque un número y esperé.