En esa casa, la última del camino que más allá lleva a la montaña, vivían el viejo y la llamada; el viejo, apegado siempre a su rutina como si eso fuera lo único que lo mantenía con vida, y la llamada, cuyo contenido él conocía pero que todavía no había sucedido. Ni la esposa fiel que había muerto hace diez años, ni las hijas tan mejores que él que ya tenían sus vidas en la ciudad, no: allí solo vivían el viejo y la llamada que todavía no había sucedido.

Mi nombre acarrea una pesada carga imposible de llevar, aún así lo prefiero a mi segundo nombre que es herencia y que no tiene significado alguno. No suelo encontrar virtudes propias con facilidad pero vivo como si me sobraran. Creo que amé muchas veces, aunque en cada nuevo intento reinvento el concepto y entonces mi […]

Él sabía que en esa mesa descansaron otros vasos, vasos de encuentro y vasos de angustia. Tocando la superficie gastada y lisa de tanto roce se preguntó qué decisiones se tomaron, qué historias empezaron y cuántas terminaron en ese preciso lugar. Al ritmo frenético del charleston en una noche jazz, se cuestionó cuánto de lo […]

El niño, parado en lo más alto del extremo de la escollera Sarandí, resistía al viento y al frío, como desafiando al mar y a todo lo que el mar esconde. Aunque no llovía, llevaba unas divertidas botas de goma azules, y su campera amarilla, fina y larga, volaba detrás de él como si fuera […]

Salgo al mundo cada mañana, con el sol o antes que él, invencible, solo y suficiente. Hay algo que se acumula durante la noche y logra arrancarme de la cama, y de tus brazos, sin trámites ni vueltas. Me levanto y salgo, no importa nada. A esas horas yo podría ganar cualquier carrera, podría saltar […]