Colores.

Para mí, el color azul es frío, oficial y aburrido. ¿Entendés? Como el invierno iluminado, como los uniformes y los que usan uniforme. Si le quitás edad, o más bien si le añadís juventud, el azul puede ser llamativo e impertinente, pero insulso, como un mal chiste o como una primera cita sin tema de conversación. El azul es además en su superficie muy masculino, y todo aquél que se sienta masculino, o pretenda ser masculino o haya dudado en algún momento de su masculinidad lo tendrá como primerísima opción, cómo ese niño en la escuela intentando todavía adivinar quién es y que, cuando es consultado sobre su color favorito, siempre dice ¡azul, ¡azul! Un color de superficies, aunque intenten siempre asociarlo con el mar.

Pero si rascás un poco el azúl de masculino nada. Te explico: Hay varios tipos de masculinidad ¿verdad? Salvo que seas el niño que grita ¡azul, ¡azul!. La masculinidad más brutal de todas, la vieja, la impuesta, la que pasa de generación en generación como una antorcha tóxica y que tiene en Zeus y en Hércules su chispa primigenia, esa, en toda su pureza, inexistente claro, pero a los efectos de la conversación, sería más bien negra. No negra como la noche, ni negra como el terror sino simplemente negra por la ausencia de toda luz, negra de agujeros negros, negra de imponente y gravitante a primera vista pero pesada y exigente con muy pocas recompensas. Nadie quiere en realidad todo lo que implica ese tipo de masculinidad, sólo los músculos.

La otra masculinidad, la correcta, es la que niega la antorcha del padre y busca la armonía con aquello que la rodea, la que se reinventa, la que cumple, la que no engaña y que no se va. La que la lava los platos. La masculinidad lisa y suave por llamarla de alguna manera, es más bien blanca. Blanca no de virgen ni de santa pero más bien de sustancia inofensiva. Es esa masculinidad que nadie sabe que quiere pero que es menos peor que las demás. Blanca pero atractiva también, digamos a lo Adonis, sin demasiado músculo pero tampoco grasa, la que tiene todo en las proporciones correctas. Masculinidad lisa sin pliegues ni recovecos, sin secretos ni dobles vidas. Una masculinidad muy loable que en general es engañada porque la gente prefiere a un bruto como Zeus o Hércules.

Ahora bien, en el medio tenemos todo tipo de masculinidades que van variando en tonos e intensidades lo que nos da una amplia paleta de la cual cada uno podría tomar inspiración. ¿Sabés cuántos colores hay en el mundo? Yo sí, más de diez millones. ¿Qué diría el básico de Zeus sobre eso eh?

—No sé señora, pero, entonces, ¿qué color va a llevar?

—Bueno, no estoy segura, es para el cuarto de mi hijo, pero azul seguro que no.