Y sin embargo soy tolerado.

Estoy harto de ser tolerado. Harto de los silencios incómodos de los demás, de las miradas que se preguntan pero que nunca preguntan. Estoy cansado de que mi cerebro calcule el costo de todos mis gestos en la calle y decepcionado de que mis palabras de amor salgan siempre con coraza incorporada. Estoy aburrido de lo no dicho, de que siempre el tema sea un solo tema y de las estrategias necesarias para tener una simple charla.

Ya no quiero ver en los ojos de los demás la suposición o el miedo a equivocarse.
No tengo ganas de mirar a ambos lados antes de hundirnos en risas y besos cómplices.
Me aburre el ghetto y detesto que por momentos sea una tentación.

Sé que no debería quejarme; podría ser insultado, odiado y golpeado. Podría estar muerto o escondido. Y sin embargo soy tolerado. Sé que estos son los buenos tiempos, y que todo tiempo pasado fue peor. Sé que vivo en la burbuja correcta y que en cualquier otra no tendría derecho a existir.

Yo sé, pero no me alcanza.