el secreto de Eladia Isabel

Hombres de negocios, mujeres a la moda,
punkies chetos y punkies sucios.
Motoqueros sin moto, judíos ortodoxos,
viejitas y adolescentes.
Turistas de sombrero, familias enteras, amantes,
niños ruidosos, demasiados.
Músicos, gente que le gustaría ser músicos,
gente de todas las clases sociales, pobres no.
Gays, heterosexuales, solteros, casados, transexuales.
Jipis intelectuales, jipis a secas,
gente que lee mientras espera, gente que escucha música
y gente que mira gente mientras escribe y espera.
Todos ellos dispuestos a hacer la cola del checkin,
la cola del embarque,
la cola del free-shop,
la cola de la caja del free-shop,
la cola de la cafetería,
la cola de la puerta,
la del andén,
la de la aduana
y hasta colas por las dudas.
Y casi todos ellos dispuestos a indignarse por un lugar en esas colas, en un asiento, o por cualquier razón.
Todos o casi todos en una carrera contra el tiempo para subir abordo porque ignoran -y éste sería el secreto mejor guardado del río de la plata- que la capacidad del barco, en realidad es suficiente para todos, y nunca nadie se quedó sin lugar.